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Maletín de ideas para tu empresa

hay negocio18 Maletín de ideas para tu empresa En una economía donde la creación de empleos es ínfima en relación a la demanda laboral, las empresas en crecimiento, o en la segunda etapa de su ciclo de vida son esenciales.

Pero en Puerto Rico, no existe un perfil definido de ese universo ni estrategias concretas y articuladas para propiciar su éxito de manera sostenida.

Por ello, entre otras cosas, la crisis que experimenta la Isla -y que ha estremecido a la comunidad empresarial hasta sus cimientos- no debería ser sorpresa.

Negocios conversó con consultores, contadores públicos y abogados, quienes señalaron los errores más comunes que cometen las empresas en etapa de crecimiento, a fin de que al identificarlos a tiempo sirva para revertir la tendencia y asegurar el progreso de la empresa.

Pero al mismo tiempo, los entrevistados destacaron la necesidad de que se amplíen los esfuerzos de apoyo y asesoría técnica a aquellos empresarios que han sido capaces de superar sus primeros años de operación y que de continuar en ascenso, serán una fuente de constante creación de empleos.

De no hacerlo, y cuanto antes, Puerto Rico continuará viendo la desaparición de nombres conocidos, mientras no podrá atestiguar la promesa que significan otros cientos de iniciativas empresariales que se gestan cada año. Según la Administración federal de Pequeños Negocios, aproximadamente, la mitad de los negocios dejan de existir en sus primeros cinco años de operaciones.

Casualidad y estructura

“En Puerto Rico, hay muchos casos de éxito por casualidad”, dijo Astrid Vélez, presidenta de Stratego Business Group, al señalar que este período de crisis ha sido la evidencia más contundente de su tesis.

En tiempo reciente, Vélez, quien posee más de 20 años de experiencia laborando para multinacionales como Walmart y JC Penney, se ha convertido en un recurso de auxilio para los bancos, cuando sus acreedores se encuentran casi a la puerta de la quiebra.

Según Vélez, en ocasiones, la oportunidad de su consultoría -especializada en estrategias de impacto en venta y mercadeo- llega tarde, pero en la amplia mayoría de los casos, hay margen para revertir la situación.

“Cuando las empresas entiendan que su operación tiene que girar alrededor del cliente, vamos a tener otro país y empresas exitosas”, dijo Vélez.

“La estructura siempre anticipa el crecimiento”, comentó por su parte, el consultor organizacional Eduardo Arroyo.

De acuerdo con Arroyo, en Puerto Rico, existen empresas que van camino a convertirse en las mejores de su clase y hay empresas que a pesar de que se considerarían “maduras”, sus procedimientos internos son parecidos a una empresa en ciernes.

En tanto, indicó que otra buena parte de las empresas, aún cuando sus propuestas de servicio o bienes tienen amplio potencial, la falta de estructura no les permite ampliar su marco de acción y por ende, no pueden capitalizar la oportunidad que tienen ante sí.

Arroyo explicó que por lo general, ese último grupo de empresas suele tener éxito durante los primeros cinco años de operación. Entonces, se piensa que el éxito está asegurado y el empresario sufre “la fiebre del tamaño y el gasto”, subrayó Arroyo.

Tal “fiebre” no es otra cosa que pensar en mejoras abrumadoras, en la contratación de personal o tener oficinas más “vistosas”, por mencionar algunos ejemplos.

Según Arroyo, cuando la línea de negocio principal pierde vigor, el empresario -que ya superó los primeros años asociados con lograr un punto de equilibrio- procura la diversificación irracional del negocio, creyendo que “la diversificación” cubrirá la fluctuación en ventas sin considerar que a más líneas de productos o actividades que no son competencias básicas del negocio, “más complicada” y costosa se vuelve la operación.

“Nada de esto se internaliza hasta que afecta el “bottom line” (la línea del ingreso neto)”, dijo Arroyo al agregar que a pesar de la fuerza que suponen las empresas en crecimiento para una economía, en Puerto Rico no se estudia a profundidad el tema.

Enfoque errado

Según el contador público autorizado Kenneth Rivera, en Puerto Rico existe poca conciencia, particularmente entre la clase empresarial, en torno a la dinámica cíclica que rige los negocios.

No entender que las empresas nacen, crecen, madura, declinan y se reavivan mediante la innovación, supone también el no diseñar los planes y las estrategias que aseguran su éxito.

Así pues mientras en tiempo reciente se ha hecho mucho énfasis y se continúan creando iniciativas para promover el establecimiento de nuevas empresas o negocios, poco se hace institucionalmente para asegurarse que estas continúen operando y creciendo.

“Una queja que se escucha frecuentemente entre empresarios locales es que no se les presta tanta atención, una vez la empresa ha sido establecida”, dijo el socio de la firma Parissi.

Según Rivera, por lo general, los esfuerzos gubernamentales dirigidos al establecimiento de empresas están consistentemente más inclinados por atraer capital extranjero que en fomentar el capital local.

En principio, dijo el contador, tal esfuerzo hace sentido, pues se apuesta a que empresas maduras o grandes, podrían hacer inversiones más significativas, lo que redundaría en la creación de un mayor número de empleos.

Un entorno desfavorecedor

De acuerdo con Arroyo, la falta de acciones organizadas a favor de empresas en crecimiento, en realidad, es otro reflejo de una sociedad que ha sido incapaz de articular una estrategia colectiva que le asigne a la Isla un rol en el plano económico global.

En ese sentido, Arroyo indicó que en un país sin estrategia socioeconómica, es lógico encontrar una clase empresarial que no tenga rumbo.

“Esto es simplemente un asunto de mayor riesgo. Un empresario puede tener una excelente propuesta, pero si en el entorno donde se encuentra no hay claridad, se tratará de una propuesta disonante”, indicó.

En palabras del perito en Derecho Laboral, Luis Pabón Roca, se trata de un entorno donde crecer significa pagar un precio que no siempre quiere asumirse.

Según Pabón Roca, la etapa de crecimiento -cuando una empresa va de dos a tres tiendas para llegar a tener seis, o supera la decena de empleados- suele representar la etapa más “peligrosa” de la gestión empresarial.

“Esa empresa no tiene volumen suficiente, pero se le exige como una empresa grande. Y eso pasa en el terreno laboral y en el no laboral”, dijo el abogado.

De aquí que en Puerto Rico, aunque haya un gran número de empresarios interesados en apegarse a la ley, la informalidad y la laxitud prevalecen en buena parte de la gestión de negocios, en especial, cuando se trata de negocios familiares.

En términos simples, aplicar el peso de la reglamentación supondría “la quiebra” de decenas de empresas, agregó Pabón Roca.

Los ejemplos sobran, dijo el abogado, quien en aras de fortalecer el conocimiento técnico de las empresas creó una colección de escritos dirigidos a patronos en temas como el bono de Navidad y la violencia en el lugar empleo.

Mencionó el cierre, hace unos años, de un restaurante de nombre Tango, que quebró cuando no pudo cumplir con una reclamación de horas y salarios.

Asimismo, no fue hasta recientemente, cuando se produjo la muerte de una enfermera a manos de su expareja en las instalaciones del Hospital de Maestro, que decenas de empresas internalizaron que no tenían en vigor protocolos para el manejo de la violencia doméstica.

Si por un lado, quedarse “chiquito” supone “pasar por debajo del radar”, por el otro lado, existe la comodidad de generar ingresos sin necesidad de crecer sustantivamente. “Hay empresarios que no están motivados a pagar el precio del crecimiento”.

Caja de herramientas

Según Pabón Roca, uno de los problemas que urge atenderse a fin de propiciar que más empresas crezcan en la Isla tiene que ver con lograr la sucesión exitosa cuando se trata de negocios familiares, lo que en la Isla parece ser más una excepción que una regla. Otra tarea colectiva estriba en la necesidad de transformar las estructuras educativas para fomentar la mentalidad empresarial y fomentar una cultura de conocimiento continuo a nivel empresarial y gerencial.

Desde esa perspectiva, Rivera destacó la necesidad de fortalecer el conocimiento técnico o administrativo de una empresa, cosa que puede lograrse, no solo con iniciativas gubernamentales sino también desde el sector privado.

“Hay una serie de factores mínimos que deben dominarse: capacidad técnica, desarrollo de oportunidades de negocio y buen manejo administrativo. Si una empresa no tiene estas cualificaciones se le hace difícil sostenerse”, subrayó Rivera.

Sobre todo, Vélez y Arroyo destacaron la necesidad de adoptar un enfoque estratégico centrado en las competencias básicas de la empresa.

“Las empresas piensan en hacer cosas a favor del negocio y no a favor del cliente”, dijo Vélez al señalar que en esa dinámica, el empleado suele ser clave para mantener a la empresa en empatía con el mercado al que sirve.

Según la consultora, esa óptica es el punto de partida para la innovación, lo que a su vez, es la esencia de cualquier negocio interesado en crecer.

“El 99% de las empresas pasan el día apagando fuegos”, sostuvo Vélez al señalar que en este tiempo de crisis urge dar dos pasos hacia atrás para mirar la empresa como un todo y el entorno donde se encuentra.

Según Vélez, aunque el entorno actual se muestra complejo y difícil de gestionar cuando se trata de planes a largo plazo, supone más oportunidades que escollos para los negocios locales, ya que el cambio climático, el cambio demográfico e incluso, la transformación de las economías al norte y al sur de Puerto Rico ofrecen nuevas vías de negocios y de exportación y que al presente, no son aprovechadas.

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