Nélida Fernández ya está haciendo planes. «Yo quisiera montar un taller de costura. Siempre me ha gustado coser y hago algunas ropitas de vez en cuando, pero no es lo mismo que poder dedicarse a eso más en serio», dice. Como ella, miles de cubanos ven una puerta abierta tras el anuncio de Raúl Castro de permitir pequeños negocios privados.
Si vuelven a autorizar los paladares voy a aprovechar el patio de mi casa, que es grande, y montaré uno allÃ. Mi mujer cocina muy bien y a mà me gusta la coctelerÃa», sueña Romualdo Orozco, refiriéndose a los pequeños restaurantes familiares que proliferaron en los años noventa, en el momento de la peor crisis, y que poco a poco fueron desapareciendo en su mayorÃa, debido a la agudización de los controles y a la congelación de nuevas licencias.
Los pequeños negocios particulares existieron en la isla hasta 1968, en que pasaron a manos del Estado como parte de la llamada ofensiva revolucionaria. Solo reaparecieron parcialmente en 1993, en que se autorizaron, además de los citados restaurantes, otros trabajadores por cuenta propia, como albañiles, mecánicos y un largo etcétera. Estas licencias, que llegaron a 210.000 en 1995, se redujeron a 140.000 en el 2009.
No hay Estado capaz de ocuparse de todos los detalles que necesita una sociedad para funcionar. Si tiene que estar pendiente de fabricar escobas, no tendrá tiempo para otras cosas más importantes», reflexiona la ingeniera jubilada Margarita Ruiz. «Es muy bueno que se revitalice la iniciativa personal en varios sectores, eso redundará en beneficio de todos».
Hay que ver que significa eso en la práctica, no han dicho todavÃa qué tipo de licencias van a autorizar ni cómo», comenta cautelosa Ada Almenares.
Esperemos que se garanticen las formas de adquirir materias primas y que los impuestos estén acordes con las ganancias, porque de otra forma será poco lo que puedan hacer los nuevos cuentapropistas », dice Ovidio Garcés, carpintero.
MaylÃn Valdés hace un alto en la venta de alimentos ligeros en su pequeña cafeterÃa particular para comentar: «Creo que será muy positivo el poder contratar algún personal adicional, aquà a veces no doy abasto para preparar los alimentos y atender el mostrador», dice.
En su discurso, Raúl Castro se refirió además a «la reducción de las plantillas considerablemente abultadas en el sector estatal». Esteban, técnico en refrigeración, está en principio de acuerdo con esta medida. «Es cierto que sobra mucha gente en empresas estatales, a veces hay cinco para hacer el trabajo de uno, pero creo que eso deberÃa traer aparejada una revalorización del salario, que en estos momentos es insuficiente. Yo gano más en dos trabajitos que haga por la izquierda [de forma ilegal] que con mi salario del mes completo en la empresa», dice.
«Me da un poco de miedo la posibilidad de quedar excedente en mi empleo -dice Maydolis, oficinista-, pero si es asÃ, ya buscaré algo que hacer por mi cuenta, y seguramente voy a tener mayores ingresos. En estos momentos, de todos modos, tengo que inventar, porque no me alcanza el salario ni para una semana».
Lázaro González, chófer de empresa estatal, refiere: «En mi caso no me afecta demasiado, yo trabajo para el Estado, pero a otros compañeros si los beneficiarán estas medidas. Aunque ya se estaban otorgando licencias para transporte de pasajeros, cualquier cosa que facilite esto será buena».
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