Muchos emprendedores le dan una importancia especial a la idea. Lo siento, la idea no vale nada –o casi nada-, lo que vale realmente de un proyecto es la capacidad de llevarlo a cabo. La convicción de poder hacerlo, la sagacidad para rodearse de gente mejor que nosotros mismos y convencerles de que nuestro sueño es ya el suyo, la capacidad de levantarse cuando te caes –siempre hay caídas importantes en el camino- y, sobre todo, la claridad de ideas sobre el objetivo último: ser el líder de algo o el mejor tu país de un sector o creador de un nuevo modelo de negocio o dinamizador de un espacio dominado por empresas de siglos anteriores
¿Qué busco yo en un emprendedor/a para invertir en su proyecto? ¿Hasta que punto es importante el plan de negocio? Invertir en start-ups es un negocio de alto riesgo y hay que saber que te vas a equivocar. El secreto es que, en un buen porcentaje de casos, aciertes por encima de lo normal. La clave para invertir en un emprendedor es que te convenza, primero como persona y luego como profesional. No viene mal saber de que se está hablando y tener una educación bien adaptada al proyecto aunque, en ciertos casos, el no tener ni idea del sector es clave para triunfar.
En España se tiene una tendencia a crear empresas con amigos. Mal comienzo. Un amigo no se juzga y para preparar un equipo ganador hay que hacerse muchas preguntas y cuestionar muchas habilidades. Algo que con tu amigo de la infancia es difícil hacer. Corremos muchos riesgos si no decimos “bueno, ya aprenderá, al fin y al cabo no es tonto”. Los equipos ganadores necesitan años para madurar y empezar con amigos es un paso atrás en la mayoría de los casos.
Lo importante de un proyecto es que sea ambicioso, parezca que escala bien y esté en un segmento de mercado que crezca o donde, las empresas establecidas durante siglos, están olvidándose de que están ya en el Siglo XXI y siguen pensando en la era Industrial. Hay una gran diferencia entre un proyecto viable y un proyecto invertible. Se puede tener un proyecto con viabilidad inmediata y que no sea invertible.
La importancia del plan de negocio está en lo bien –o mal- currado que esté. No se trata de ver en profundidad las cifras –que también- sino en ver de que manera han investigado a la competencia, han profundizado en las claves de su proyecto, han previsto las incertidumbres que sin duda les ocurrirán y, en definitiva, ¿qué tal funciona el equipo en su conjunto? ¿se han cometido errores de bulto en las valoraciones de eventos clave? ¿cómo se ha razonado el despliegue en la red del proyecto? ¿qué peligros se han identificado y como se pretende atajarlos?
Otro aspecto muy importante es que hayan dejado todo lo que tenían antes y estén centrados en el proyecto al 100%. No podemos respaldar a alguien que no cree lo suficiente en sus planteamientos. Valoramos también como ha implicado a su familia y amigos y hasta que punto está convencido de su éxito en el proyecto. Al final, es una carrera de obstáculos en la que el/la emprendedor/a nos va convenciendo primero al equipo directivo y luego al Comité de Inversiones. Solo los mejores lo consiguen…y a pesar de ello, el éxito siempre se hace esperar.